domingo, 17 de noviembre de 2013

Inicios del proceso de Independencia

En 1808 Napoleón Bonaparte invadió España y tomó cautivo al rey Fernando VII, poniendo en su lugar a José Bonaparte, conocido como "Pepe Botella". Para resistir a los franceses fue organizada en España una Junta Central con asiento en Sevilla, posteriormente reemplazada por el "Consejo de Regencia", que tenía entre sus funciones gobernar a las colonias americanas.
La reacción inmediata de la población chilena a las noticias de la Metrópoli fue de absoluta lealtad hacia el monarca preso. Sin embargo, hacia 1809, el dilema de la legitimidad del gobierno del pueblo español sobre un territorio que tenía una vinculación directa con la persona del rey, había encontrado dos respuestas entre los habitantes de Chile. Por un lado, estaban los realistas, quienes reconocían la soberanía de las instituciones españolas en reemplazo del rey y condenaban todo intento de formar un gobierno autónomo, aunque fuese en su nombre. Por otro lado, estaban los patriotas, quienes aun siendo fieles al monarca, creían en la retroversión hacia el pueblo de la soberanía regia, admitiendo la necesidad de formar una junta de gobierno propia. Esta tensión llegó a su punto álgido durante el gobierno del despótico gobernador García Carrasco, quién decretó la injusta captura y exilio de tres connotados vecinos. El ambiente comenzaba a inquietarse, y el surgimiento de un ensayo con el nombre de Catecismo Político-Cristiano que llamaba a los criollos a asumir el control de su propio futuro en razón de la ausencia del Rey, caldeó más aún los ánimos de la burguesía local.
Las gestiones del Cabildo de Santiago y la intervención de la Real Audiencia, deseosa de evitar la concreción de los planes juntistas del Cabildo, consiguieron en julio de 1810, la abdicación de García Carrasco en favor del militar de más alta graduación, a la sazón, Mateo de Toro y Zambrano. Antes de que llegara el nuevo gobernador, el Cabildo de Santiago consiguió autorización de su presidente para hacer un cabildo abierto, cursando la invitación correspondiente a los vecinos.
El 18 de septiembre de 1810 a las nueve de la mañana, con la presencia de unos Cuatrocientos ciudadanos, comenzó el cabildo abierto. Cada intervención, cada gesto dentro de esta jornada estuvo marcado por la lealtad de los cabildantes hacia Fernando VII. Los posibles miembros de la junta habían sido elegidos cuidadosamente por los integrantes del Cabildo de Santiago, con el fin de representar en la persona de cada uno de ellos a cada sector de la sociedad, asegurando así la mantención de un cierto equilibrio. Todos ellos fueron aceptados por aclamación por los vecinos presentes. Mateo de Toro y Zambrano, presidente, representaba al rey; José Antonio Martínez de Aldunate, vicepresidente de la junta, obispo de Santiago, representaba a la Iglesia; Fernando Márquez de la Plata, Consejero de Indias, primer vocal de la junta, representaba a los europeos juntistas; Juan Martínez de Rozas segundo vocal, representaba a la aristocracia de Concepción; Ignacio de la Carrera, tercer vocal, representaba a la aristocracia de Santiago.

La fusión entre tradición y reforma estuvo presente en este primer Cabildo, que fue el episodio que dio inicio al proceso de la Independencia; aún cuando continuaba primando el deseo de los ciudadanos de conservar la soberanía del Rey. El Cabildo de 1810 fue la primera vez en que la aristocracia criolla tomaba el control de su propio país, experiencia que derivaría con el tiempo en una afirmación de sus propios derechos frente a la monarquía española. En ese sentido, no pasó mucho tiempo hasta que sonaran de manera ya decidida arengas patrióticas que incitaran a una radicalización del proceso y una ruptura definitiva con la metrópolis hispana. El llamado a elecciones para un Congreso Nacional, la creación del primer periódico nacional, La Aurora de Chile, y el apoyo de otros movimientos juntistas, como el argentino, iniciarían una marcha que sólo se detendría una década después con la formación de una entidad nacional independiente y soberana.
Personajes de la Primera Junta de Gobierno
Juan Martínez de Rozas
Hombre destacado de la aristocracia penquista, Martínez de Rozas (1759-1813) fue un miembro importante de la Primera Junta de Gobierno y participó activamente en la política chilena de los años subsiguientes. Ambicioso e inteligente, Martínez nació en Mendoza cuando la provincia de Cuyo aún dependía de la Capitanía General de Chile. Luego de estudiar en la Real Universidad de San Felipe, pasó a desempeñar el puesto de consejero de Ambrosio O´Higgins, primero en su cargo de intendente de Concepción y luego como gobernador de Chile. Sus servicios como asesor de la Intendencia de Concepción pronto volvieron a darle la oportunidad de acceder al poder político, esta vez como asesor del gobernador Antonio García Carrasco.
El Cabildo abierto del 18 de septiembre de 1810 lo nombró vocal de la nueva Junta de Gobierno en atención a su influencia en los círculos económicos de Concepción. Sin embargo, la ambiciosa personalidad de Martínez lo enfrentó con el caudillo José Miguel Carrera, quien ordenó su destierro en 1812 a Mendoza, en donde murió meses después.
Mateo de Toro y Zambrano
Militar y comerciante, Mateo de Toro y Zambrano es un caso paradigmático del surgimiento de una nueva burguesía local a fines del XVIII. La inmensa fortuna que amasó le permitió no sólo acceder a un título de nobleza, sino que además adquirir una considerable influencia política.

En julio de 1810, dimitió el gobernador provisional Antonio García Carrasco, tras intensas presiones de la élite criolla capitalina, y fue reemplazado por el anciano y débil Conde de la Conquista. No pasaría mucho tiempo hasta que la opinión de los partidarios de establecer una Junta de Gobierno se impusiera y de esta manera, fue el propio gobernador el que llamó a un Cabildo Abierto, en el que sería electo presidente de la Junta.


En este cuarto capítulo, la creación de Chile como nación queda en manos de Carreristas y O'Higginistas. Conoce a los protagonistas de la Patria Vieja, la Reconquista y la Patria Nueva, el rol de la Logia Lautaro en la Independencia de América y las batallas más importantes libradas entre 1812 y 1823.

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