La educación en términos generales, como un medio de transmisión de la cultura y la existencia colectiva es un fenómeno presente en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, solo desde finales de la revolución francesa amparado en los ideales de la ilustración, se concibe la necesidad de instalar una educación estatal, desde el estado y la enseñanza laica propuestos por la revolución, hacia la posterior idea Napoleónica de asunción total del estado del rol educador, el cual es concebido como un instrumento del gobierno con propósitos de adoctrinamiento, más al servicio del Estado que del ciudadano.
En la actualidad, en un modelo de educación estatal obligatoria inserta en el sistema social de explotación y dominación representado por el imperialismo capitalista, podemos hablar de un sistema educativo formal como aquel que se desarrolla en las escuelas, institutos o universidades de administración pública (municipal) o privada y un sistema de educación informal representado por la familia, la comunidad y el contexto cultural en general, con lo que se ha dado en llamar la cultura de las masas.
Dentro del contexto capitalista y de su sistema de libre comercio, entendemos la educación formal como uno más de los órganos represivos del estado burgués al servicio de los intereses capitalistas, y por tanto, parte de la superestructura encargada de proteger la ideología neoliberalista, la división de los medios de producción en el sistema de clase y reproducir las relaciones sociales que permiten la permanencia de las condiciones de desigualdad entre las clases.
El sistema educativo formal entonces, provee de un medio de enculturación, es decir, de aprendizaje desarrollado desde la infancia, capaz de socializar a los sujetos en la ideología capitalista configurando todo un aparataje sistematizado encargado de la entrega de sistemas de valores, símbolos y subjetividades, formas de relación y organización social, actitudes y formas de comportamientos, conocimientos, destrezas, técnicas, capacidades físicas e intelectuales que lejos de ser neutras sirven a la tarea de preservar los poderes y privilegios de las clases dominantes. Este modelo de educación se caracteriza por entregar conocimientos unidireccionales, es decir que van desde docente a alumno, el cual desde que ingresa al sistema es cercenado en sus capacidades innatas, el alumno no es estimulado en la resolución de problemas, solo es invitado a engullir una serie de conocimientos ya sean de ciencias exactas e inexactas, cultura general y arte como si fueran la cosmovisión y verdad absoluta. Sus capacidades organizativas perdidas en el tiempo se traducen en la entrega de su potenciales productivos al sistema patronal o a las exigencias productivas del sistema, a los alumnos desde pequeños se les hace creer que son carentes de conocimiento y son tratados como seres inferiores denostándoseles constantemente, desde ese momento comienza un proceso de ruptura con la comunidad que es reemplazada por el individualismo y la frustración, además se conjuga con la implementación de la tan preciada “excelencia académica” la encarnizada competencia darwinista otro proceso que fulmina todo atisbo de satisfacción de la necesidad de afiliación. Los estudiantes se trasforman en unos meros acumuladores de conocimientos, los cuales no tienen ninguna utilidad en ser vertidos en el sistema social.
El sistema educativo a través de sus instituciones formales, como la escuela o la universidad, en tanto organismo que favorece a las clases sociales privilegiadas y justifica las desigualdades, genera efectos a largo plazo, referidos a la inequidad al acceso a la tecnología y los conocimientos científicos que podrían mejorar las condiciones de vida ( esperanza y calidad de vida, control epidemiológico, tratamiento de enfermedades, etc.) lo que nos lleva a concluir que el modelo educacional es antiético y anti-humano.
Por otro lado, las instancias no formales de educación, si bien carecen de la sistematización de la educación formal, aportan una visión igualmente centralizada del mundo, que sacrifica la heterogeneidad en aras de la homogenización, el sometimiento en lugar del desarrollo de la reflexión y la capacidad critica y la aceptación irrestricta de actitudes, prejuicios, valores y conductas funcionales al mantenimiento del orden social capitalista. La cultura de masas como red ramificada de los medios de comunicación social apunta al control de la conciencia social, sirviéndose de la ciencia y la tecnología, en particular, la institución publicitaria, con finalidades ideológicas, además de comerciales, que no son otras que la reproducción de las relaciones sociales de desigualdad de clases. Se busca sobretodo la integración acrítica y voluntaria de los hombres al sistema de relaciones sociales de clases, preexistentes.
La educación formal e informal como mecanismos de control social e ideológico instalado por las clases dominantes con su capacidad de generar en las clases explotadas un fenómeno de doble ciego, es decir, de “no ver que no ve” han conseguido mantener un bloque hegemónico que inhibe el potencial revolucionario de los pueblos haciendo que estos acepten el sometimiento y la supremacía de las clases dominantes como un orden dado, natural, inclusive conveniente. ¿Cómo utilizar las propias herramientas educativas para romper la alineación y cuestionar la hegemonía instalada por los medios de clase dominantes?
El conocimiento de la teoría marxista permite al hombre comprender la perspectiva histórica y el desarrollo socioeconómico y político de la sociedad, ayudando a orientarse en los acontecimientos internacionales y realizar oposición a la ideología burguesa.
No se trata tanto de un cambio en la metodología educativa, lo cual nos instala en el simple reformismo, se necesita una transformación de la posición de los actores involucrados, esto es, en la restructuración de las relaciones de sociales producción, pero para que cualquier cambio sea posible es necesario, entre otras cosas, que la clase explotada tome en primer lugar conciencia de su condescendencia con los métodos utilizados por el capitalismo, a través de la educación formal e informal, es decir, de su propia colaboración en la alineación.
El desarrollo de conciencia de clase es clave, la asunción de la contradicción y el antagonismo entre las clases dominantes y los trabajadores, también lo es. La educación desde una perspectiva marxista, vincula el desarrollo integral del hombre con el cambio en las relaciones sociales, lo cual supone un papel activo de la gente en el proceso.
Según las ideas de Marx la educación es un derecho y un deber, contextualizándolo en la sociedad actual ¿en qué proceso estamos?, ¿hemos sido capaz de llevar a cabo y/o mantener dicha teoría?
La teoría marxista en pleno siglo XXI nos sigue aportando elementos analíticos y críticos, no sólo teóricos sino prácticos para el fortalecimiento y madurez de los movimientos sociales en Chile que actualmente ha develado el oscurantismo del modelo neoliberal que fagocita las identidades colectivas, cosifica y mercantiliza las relaciones sociales. Por lo que el desafío no sólo es educación, salud y otros derechos sociales universales gratuitos, sino un cambio paradigmático de un modelo social, político, económico y cultural perversamente injusto, antidemocrático, destructor del vínculo social y del medioambiente ecológico, ya comenzamos con este proceso sigamos en pie de lucha por medio de la organización y educación popular en esta larga marcha por nuestra historia que la hacemos nosotros: el Pueblo.
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